Larranaga Damaso Antonio (1771-1848)

Larrañaga Dámaso Antonio
el clérigo naturalista

Dámaso Antonio Larrañaga, hijo de padres vascos, fue un destacado sacerdote, político escritor y naturalista, íntimamente relacionado con la ciencia y la cultura rioplatense de principios del siglo XIX. Nacido en Montevideo un 9 de diciembre de 1771, tuvo una participación sigular en la creación de lo que con el tiempo se convertiría en nuestro museo. Su educación se inició en el Convernto de San Bernardino, de los padres Franciscanos en Montevideo y continuó en el Colegio San Carlos de Buenos Aires entre 1789 y1792. Distintas disposiciones educativas como la convalidación de titulos etc, lo condicionaron a tomar clases dentro de la Universidad de Córdoba y luego en Río de Janeiro. Finalmente se ordenó sacerdote y regresó a Montevideo en 1799.

Por entonces, fines del siglo XVIII y principios del siguiente algunos paises sudamericanos forjaban su independencia con España, por lo que las cuestiones relacionadas con la cultura, la ciencia y la educación pasaban a un segundo plano. Así es que a nuestro biografiado lo encontramos participando como capellán de las milicias montevideanas en la Reconquista de Buenos Aires en 1804.

Por sus ideas fue perseguido y expulsado de Montevideo en 1811. Pasó por ello algún tiempo en Buenos Aires. Fue integrante de la Asamblea General Constituyente de 1813, como representante de la Banda Oriental, y actuó luego en el Congreso de Capilla Maciel.

Su manifiesto amor por las letras, la ciencia y la educación es advertido por las autoridades de Buenos Aires, que lo designan sub-director de la Biblioteca Pública, nombrado por Saturnino Segurola quién oficiaba de director .

Es dentro de este ámbito donde podemos destacar su actuación relacionada con las ciencias naturales y el museo. Se conocen de esta época varias cartas dirigidas a Doroteo Muñoz, quién en Uruguay coleccionaba objetos de historia natural, siendo uno de los primeros en enviar piezas para el incipiente museo creado por Rivadavia poco tiempo atrás en 1812.

En 1815 Larrañaga vuelve a Montevideo, tal parece que aprovechó esa oportunidad para introducir en el país vecino algunos árboles como la acacia blanca, la mimosa etc.

Un año más tarde, en mayo de 1816 creó la Biblioteca Pública en su pais natal, que se formó gracias a una basta donación de sus propios libros y otros de personalidades allegadas a la cultura. Larrañaga fue además fundador en 1821 de la Sociedad Lancasteriana (nuevo método de enseñanza).

Constituida la República del Uruguay, en 1830, fue electo Senador cargo que ocupó hasta 1835. Entre sus proyectos se destacan leyes de restricción a la pena de muerte, emancipación de esclavos, etc. Al terminar este mandato se dedicó a las funciones eclesiásticas y a escribir. Paulatinamente fue perdiendo la vista, hasta quedar casi completamente ciego. En 1837, fue nombrado co-fundador del Museo de Historia Natural de Uruguay. Además se lo designó primer rector de la Universidad de la República, pero no pudo asumir el cargo ya que falleció un año antes de la apertura de dicho establecimiento.

El botánico naturalista

Diversos autores señalan que a fines del siglo XVIII, Larrañaga ya se distinguia en los estudios de botánica ensayando algunas descripciones. Todas las ramas de la ciencia atrayeron su atención, incluso la mineralogía y la paleontología, siendo uno de los primeros en descubrir ratros del enorme tatú o armadillo fósil en Uruguay.

Se lo considera fiel seguidor de las doctrinas linneanas debido a su constante preocupación por la clasificación de especies botánicas. Supo vincularse con los botánicos franceses Aimé Bonpland y Augusto de Saint Hilaire, con quienes mantuvo una asidua correspondencia. Además se relacionó con otros notables naturalistas y se cree que tuvo alguna entrevista con Félix de Azara.

Larrañaga fue quién introdujo las ostras en el Río de la Plata, comenzando con su reproducción en las costas de la Isla de Lobos y Maldonado.

También llevó la morera y fomentó con ello la producción de gusanos de seda. Obtuvo una interesante cosecha de capullos muy estimados por su calidad y cantidad suficientes como para confeccionar algunos objetos, conociéndose la fabricación de una bolsita de esta fina tela para guardar dinero, que fue obsequiada al General Rivera cuando este era presidente.

Dentro de su producción literaria relacionada con las ciencias naturales, se destaca el Diario de viaje de Montevideo a Paysandú, escrito en 1815, que contiene ricas observaciones sobre la flora y la fauna de los lugares visitados. Figuran además dentro de este contexto descripciones de árboles y plantas de interés medicinal, que guardó en varios cajones. Entre 1820 y 1824, dio a conocer su “Botánica” una obra de gran valor científico para la época, que había comenzado a escribir muchos años antes. La obra de Larrañaga, tiene valor histórico y testimonial. Relacionado con el tema de la naturaleza, escribió también “Fábulas Americanas” en 1826.

Como taxónomo botánico clasificó unas 646 especies de plantas, muchas pertenecientes a la familia de las gramíneas. Fue socio corresponsal de la Sociedad de Historia Natural de París, recibiendo distinciones honoríficas en el extranjero.

Gran parte de sus escritos fueron publicados entre 1922 y 1930, ellos comprenden tres volúmenes de textos y dos atlas ilustrados con mapas y láminas de animales y plantas, algunas hechas por él mismo.

En 1922 el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay publicó sus investigaciones. También, la Universidad Católica del Uruguay lleva su nombre. Por si esto fuera poco, el vecino país le dedicó una estampilla y un billete con su imágen en conmemoración a su trayectoria.

Dámaso Antonio Larrañaga falleció en su quinta de Montevideo el 16 de febrero de 1848 de un ataque cerebro vascular. Se comenta que al momento de sepultarlo, calzaba unas medias de seda que el mismo había mandado fabricar con seda cultivada en su propio criadero.

Bibliografía

-Escalante, R. 1998. Las aves de Larrañaga. Editorial El Toboso S.R.L. Montevideo, Uruguay.
-Furlong, G. SJ 1948. Naturalistas Argentinos durante la dominación Hispánica. Cultura Colonial Argentina VII. Editorial Huarpes S.A. Buenos Aires.
-Larrañaga, D. A. 1965. Selección de escritos. Biblioteca Artigas. Colección de Clásicos uruguayos.Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social. Montevideo. Vol 92.
-Lascano González, A. 1980. El museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, su historia. Ministerio de Cultura y Educación Secretaría de Estado de Cultura. Editoriales Culturales Argentinas.


Dámaso Antonio Larrañaga (Montevideo, 10 diciembre de 1771 – †ídem, 6 de febrero de 1848), fue un político, naturalista, botánico y religioso uruguayo, uno de los principales responsables de la fundación de la Biblioteca Nacional de su país, contribuyó además en la creación de la Universidad de la República. Como diplomático tuvo una relevante actuación en el nacimiento del Uruguay como nación.

Biografía
Hijo de Manuel de Larrañaga, vasco español, integrante del Cabildo en la época virreinal, hizo estudios en Córdoba y Buenos Aires volviendo a Montevideo en 1799, donde se le hizo capellán de las milicias.

En 1804 fue teniente cura de la Matriz, contribuyendo a la edificación del nuevo templo que se estaba edificando. En las Invasiones Inglesas marchó con las tropas a la expedición de la reconquista de Buenos Aires y en la toma de Montevideo demostró gran celo en el cuidado de los heridos. Finalizadas las mismas continuó su actuación religiosa, ocupándose también en trabajos científicos y en su biblioteca, actividades que continuó hasta su muerte.

Por sus ideas fue expulsado de Montevideo en 1811, junto con otros curas patriotas, a raíz de la victoria de Artigas en la Batalla de Las Piedras. Ya en Montevideo recogido en la chacra de Berro, en la zona de Manga, fue comisionado por los orientales para asistir como Delegado a la Asamblea Constituyente de 1813 en Buenos Aires, siendo portador de las Instrucciones del año XIII. El Congreso desconoció su representación alegando vicio de forma, pero el verdadero propósito era excluir de la Asamblea a ciudadanos que representaban tendencias muy peligrosas para los planes absorbentes de la mayoría centralista.

Para ganarlo a su causa o retenerlo allí, el Directorio porteño le ofreció el cargo de bibliotecario público, el que aceptó, desempeñándolo hasta 1815, año que regresó a la Provincia Oriental trayendo consigo para aclimatar en el país los primeros árboles de acacia blanca.

Siendo Párroco de la Iglesia Matriz de Montevideo, fue a Paysandú para solucionar las diferencias entre Artigas y el Cabildo de Montevideo. En el trayecto escribió su Diario de viaje de Montevideo a Paysandú. Además, procuró reunir elementos para sus ensayos sobre lengua chaná. En mayo de 1816 fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, de la que él tanto tuvo que ver en su creación junto a Miguel Barreiro.

En el ocaso de la causa artiguista, Larrañaga se unió a la dominación portuguesa, hasta aceptar del humillado Cabildo de Montevideo el triste honor de trasladarse a Río de Janeiro, junto con Jerónimo Pío Bianqui, en misión de agradecimiento al rey Juan VI de Portugal. En 1821 fue diputado al Congreso Cisplatino convocado por Carlos Federico Lecor, en el que se acordó la incorporación definitiva de la Banda Oriental a la monarquía portuguesa.

En esa época se volcó con más firmeza que nunca a todo lo que tocaba al progreso y bienestar social, debiéndosele el establecimiento de la Casa Cuna de niños abandonados en 1818 y la inauguración de la Escuela Lancasteriana en noviembre de 1821, instalada en la misma casa del Fuerte de Gobierno. En 1824 fue confirmado como Vicario Apostólico equivalente al de Obispo Diocesano.

No se involucró en la revolución libertadora de 1825, pues su investidura en la Iglesia lo obligaba a ser respetuoso y fiel a los brasileños, que entonces mandaban.

Constituida la República en 1830, fue electo Senador por el departamento de Montevideo hasta 1835. Presentó, entre otros, un proyecto de ley restringiendo a casos especiales la pena de muerte, y uno en favor de los esclavos por el cual se facilitaba su emancipación. Concluido su período senatorial se dedica a las funciones eclesiásticas y a sus estudios, hasta 1840 en que su visión y su salud habían decrecido mucho.

Recogido en su quinta en los alrededores de la capital, lo vino a encontrar la Guerra Grande creándose el Gobierno de la Defensa con la presidencia de Joaquín Suárez y el Gobierno del Cerrito dirigido por el general Manuel Oribe con similar cargo que el anterior. Larrañaga como Vicario Apostólico, acatado por todos y por encima de la discordia, supo conciliar el ejercicio de su cargo eclesiástico con la dualidad de estas dos autoridades civiles.

Cuando falleció de un ataque cerebral se le rindieron honores póstumos en el campo del Cerrito, al ser enterrado en la capilla de la Sacra Familia, mientras el Gobierno de la Defensa ordenaba la celebración en el recinto de Montevideo de los oficios fúnebres que correspondían a su dignidad decretándole honores de general de la República.

Larrañaga, en su calidad de máxima autoridad eclesiástica de Uruguay, había sido designado por Manuel Oribe para desempeñar el primer rectorado de la Universidad de la República, pero debido a que se inauguró un año después de su muerte, en 1849, el cargo le fue otorgado a Lorenzo Antonio Fernández, quien lo sucediera como vicario apostólico.

En 1922 el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay publicó sus investigaciones.

La Universidad Católica del Uruguay lleva su nombre.

Uruguay ahora tiene también, un billete de dos mil pesos con su cara en el.